JOMO, ROMO y FOMO: tres formas de vincularnos con el tiempo, las elecciones y el bienestar.
- gabrielacalvicoach
- 25 ene
- 5 Min. de lectura
En la era de la hiperconectividad, no solo cambió la forma en la que nos comunicamos, sino también cómo sentimos, elegimos y habitamos nuestra vida cotidiana. En este contexto aparecen tres conceptos que ayudan a comprender mejor nuestro vínculo con el tiempo, las redes y el deseo de “estar en todo”: FOMO, JOMO y ROMO.
Conocerlos es un primer paso para vivir con más conciencia, calma y bienestar emocional.
FOMO: el miedo a quedarse afuera
FOMO (Fear of Missing Out) significa miedo a perderse algo. Es esa sensación de ansiedad que aparece cuando creemos que otros están viviendo experiencias mejores, más interesantes o más valiosas que las nuestras.
Se manifiesta cuando:
Revisamos redes sociales de forma compulsiva
Nos cuesta decir que no, por miedo a “perdernos algo”
Nos comparamos constantemente
Sentimos culpa o inquietud al desconectarnos
El FOMO nos empuja a la hiperactividad, a la comparación y a vivir más pendientes de lo externo que de lo que realmente necesitamos.
JOMO: la alegría de elegir quedarse afuera
Frente al FOMO aparece el JOMO (Joy of Missing Out), que propone una mirada completamente diferente: Es la alegría de quedarse afuera.
El JOMO es una elección consciente. No se trata de aislamiento, sino de priorizar lo que nos hace bien, no compararse, no correr detrás de cada plan, tendencia o notificación, aunque eso implique no seguir el ritmo de los demás
El JOMO se vive cuando:
Disfrutamos del silencio y del descanso
Elegimos planes simples sin culpa
Nos desconectamos de las redes para reconectar con nosotros
Valoramos la calidad por sobre la cantidad
Vivimos el presente con más calma
Es una actitud profundamente ligada al autocuidado, la presencia y el bienestar emocional.
ROMO: aceptar la realidad de las elecciones
El ROMO (Reality of Missing Out) es una postura más realista y madura.
Es menos conocido que el FOMO, pero muy interesante. Parte de una verdad simple pero liberadora: no se puede estar en todo, y eso es simplemente parte de la vida.
ROMO implica:
Aceptar los límites del tiempo y la energía
Comprender que toda elección implica renuncias
Soltar la exigencia de “aprovecharlo todo”
Vivir con menos presión y más coherencia interna
Reducir la ansiedad por comparación o exceso de opciones
Mientras el FOMO genera ansiedad y el JOMO genera disfrute, el ROMO aporta aceptación y equilibrio. Es una mirada más madura y realista que baja la autoexigencia.
Del miedo a la conciencia
Estos tres conceptos reflejan distintas formas de relacionarnos con la vida moderna:
FOMO: vivo desde el miedo y la comparación
JOMO: elijo conscientemente lo que me nutre
ROMO: acepto la realidad sin exigirme más de lo posible
Pasar del FOMO al JOMO y al ROMO no es un cambio inmediato, sino un proceso de autoconocimiento. Implica escucharnos más, compararnos menos y recordar que una vida plena no es la que lo tiene todo, sino la que se vive con sentido.
Origen de los conceptos: cuándo y por qué surgen FOMO, JOMO y ROMO
Estos tres conceptos no nacen al mismo tiempo ni con la misma intención. Cada uno surge como respuesta a un momento cultural específico y a una forma particular de vivir la relación con el tiempo, la tecnología y las elecciones personales.
FOMO: el origen del miedo a quedarse afuera
El término FOMO (Fear of Missing Out) comienza a utilizarse a principios de los años 2000.
Fue acuñado por el Dr. Dan Herman, un estratega de marketing para describir un comportamiento de consumo basado en el miedo a perder oportunidades.
Más tarde, el concepto se popularizó en el ámbito académico y psicológico gracias al trabajo del Dr. Andrew Przybylski (Universidad de Oxford), quien en 2013 publicó investigaciones sobre FOMO y su relación con el bienestar, la ansiedad y el uso de redes sociales.
El auge del FOMO está estrechamente ligado al crecimiento de: las redes sociales, los smartphones, la cultura de la comparación constante.
Por primera vez, las personas podían ver en tiempo real lo que otros estaban haciendo, lo que intensificó la sensación de “quedarse afuera”.
JOMO: una respuesta consciente al exceso
El JOMO (Joy of Missing Out) surge como una contracorriente cultural frente al FOMO.
Comienza a difundirse alrededor de 2015–2016, especialmente en espacios de bienestar, mindfulness y minimalismo digital.
Se populariza a través de artículos, charlas y movimientos que promueven la desconexión consciente, el slow living y el autocuidado.
Empresas tecnológicas y medios comienzan a hablar de JOMO como una forma saludable de relacionarse con la tecnología y el tiempo.
El JOMO no niega la tecnología, pero propone usar menos y vivir más, priorizando la presencia y el equilibrio emocional.
ROMO: una mirada más realista y madura
El ROMO (Reality of Missing Out) es el concepto más reciente y menos difundido.
Empieza a aparecer a fines de la década de 2010 (aprox. 2018–2019).
Surge principalmente en ámbitos de coaching, psicología aplicada y liderazgo.
Propone una aceptación realista: no todo es posible, no todo es para todos y no todo es ahora.
El ROMO invita a salir tanto de la ansiedad del FOMO como de la idealización del JOMO, integrando una mirada más equilibrada y consciente.
Una lectura evolutiva
Vistos en conjunto, estos conceptos reflejan una evolución cultural y de conciencia:
FOMO → reacción al exceso de estímulos
JOMO → búsqueda de bienestar y presencia
ROMO → aceptación madura de los límites
No se trata de elegir uno y descartar los otros, sino de reconocer en qué estado estamos y hacia dónde queremos movernos.
Una mirada espiritual y de coaching: elegir desde el alma, no desde el miedo
Desde una perspectiva espiritual y de coaching, FOMO, JOMO y ROMO no son solo tendencias culturales, sino estados de conciencia.
El FOMO nace del miedo: miedo a no ser suficiente, a quedar afuera, a no estar viviendo “lo que debería”. Es una desconexión del presente y, muchas veces, de la propia esencia. Cuando vivimos en FOMO, buscamos afuera una validación que solo puede nacer adentro.
El JOMO aparece cuando comenzamos a escucharnos. Es el momento en que el alma empieza a marcar el ritmo y dejamos de correr detrás de expectativas ajenas. Elegir JOMO es honrar nuestros tiempos, nuestra energía y nuestras verdaderas necesidades.
El ROMO, en cambio, es un acto de sabiduría y aceptación. Comprender que no todo es para nosotros, no todo es ahora y no todo nos corresponde. Desde el coaching, esto implica asumir responsabilidad sobre nuestras elecciones sin culpa ni autoexigencia.
Pasar del FOMO al JOMO y al ROMO es un proceso de alineación:
del ruido externo al silencio interno, de la comparación a la autenticidad, de la exigencia al equilibrio.
Cuando elegimos desde la conciencia y no desde el miedo, dejamos de “perdernos cosas” y empezamos a encontrarnos a nosotros mismos.
"No todo lo que brilla es para mí, no todo lo que falta es una pérdida. A veces, lo más valioso ocurre cuando elijo quedarme."
M. Gabriela Calvi






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